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By Plato

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Leyendas (Spanish Edition)

Bécquer publicó l. a. mayoría sus leyendas de forma abnormal, en formato folletín o novela por entregas, en un margen de fifty four años, de 1858 a 1864, en varios periódicos madrileños de los angeles época, como son el gran periódico centrista español El Contemporáneo, en el que ejerció como redactor, o los angeles Crónica de Ambos Mundos y los angeles América.

Breve introduccion a la teoría literaria

En las ricas páginas de esta Breve introducción, Jonathan Culler pasa revista a los grandes asuntos que han interesado históricamente a l. a. teoría literaria (la pregunta «¿qué es literatura? », el carácter de l. a. ficción, el lenguaje literario y las figuras retóricas, l. a. poesía y l. a. narrativa. .. ), a los angeles vez que se hace eco de l a evolución de los angeles disciplina hacia unos horizontes que superan lo meramente literario y l. a. sitúan en un intenso debate sobre cuestiones tan trascendentales como el poder, el género sexual o los angeles raza.

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Siempre igual de amable cuando se veían, atento y considerado, a diferencia de muchas de las celebridades que entraban y salían del despacho del ministro de Justicia y que apenas reparaban en su existencia.  Cuando volvió a mirar para arriba le dio la impresión de que Salhus decía algo antes de correr las cortinas y volverse a adentrar en la habitación. Un coche de Policía pasó despacio, en silencio pero con las luces parpadeantes.  Sólo el ministro de Justicia y el comisario jefe de Oslo seguían en el despacho tras los cristales verdes—, casi me voy a tener que permitir preguntar… —Se rascó la barba y tragó saliva—.

Sólo el ministro de Justicia y el comisario jefe de Oslo seguían en el despacho tras los cristales verdes—, casi me voy a tener que permitir preguntar… —Se rascó la barba y tragó saliva—. Hotel Opera —dijo de pronto clavando la mirada en el comisario jefe Bastesen—. ¡Hotel Opera! —Sí… —¿Por qué?  Aquí se han alojado reyes.  El puto Albert Einstein… Se interrumpió e inspiró hondo. —… y sólo Dios sabe cuántas celebridades más.  Santo Dios… Enderezó la espalda con una mueca.  El ministro y Bastesen se agacharon y estudiaron detenidamente el mapa que estaba sobre la mesa, como si la Madame Président hubiera podido esconderse allí, entre los nombres de las calles y las manzanas sombreadas.

Calla… —Tenemos gente en el hospital Central y en el hospital de Ullevål —continuó el reportero falto de aliento—, donde hubiera acabado Bentley en caso de que su ausencia fuera… de carácter sanitario. Sin embargo, no hay nada, repito, nada, que indique que haya algún tipo de actividad extraordinaria en estos hospitales. No se percibe ninguna medida de seguridad excepcional ni un tráfico extraordinario, nada.  ¡Harald Hansen! —¡Te escucho, Christian! —Tengo que interrumpirte porque acabamos de recibir… La imagen volvió a pasar al estudio.

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