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By Agatha Christie, Erick Winter

Hastings, el fiel amigo de Poirot, es el narrador de esta historia compleja y llena de sorpresas. Poirot recibe una carta de Francia, con una petición de ayuda: el Sr. Renauld teme que su vida corra peligro, sin dejar claros los detalles de los angeles situación y pide a Poirot que lo visite para investigar los acontecimientos. Poirot invita a su amigo Hastings y ambos parten inmediatamente para Merlinville-sur-Mer, en el litoral francés.

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Por ligero que sea, se conoce siempre. Además, cuando salieron del despacho, hablaban en inglés. —¿Oyó lo que decían? Quiero decir, ¿pudo entenderlo? —Yo hablo el inglés muy bien —contestó Dionisia con orgullo—. ». » —repitió el magistrado. Despidió entonces a Dionisia y, tras unos momentos, por consideración, llamó de nuevo a Francisca. A ésta le expuso el problema de si no se habría equivocado al fijar la noche de la visita de madame Daubreuil. No obstante, Francisca dio muestras de una inesperada obstinación.

No está claro? Monsieur Renauld escribió la carta. Sin secarla, la releyó cuidadosamente. Luego, no por impulso, sino con deliberación, añadió esas últimas palabras y pasó por ellas el papel secante. —Pero ¿por qué? —Parbleu! Para que me produjesen a mí el efecto que le han producido a usted. —¡Cómo! , ¡para asegurarse de mi venida! Releyó la carta y no quedó contento de ella. ¡No era bastante fuerte! Se detuvo y añadió luego en tono moderado, mientras se iluminaban sus ojos con el reflejo verde que siempre revelaba su excitación interior: —Y así, amigo mío, puesto que la posdata fue puesta no por impulso, sino serenamente, a sangre fría, el caso es en realidad urgente y debemos estar a su lado tan pronto como sea posible.

Pasamos por Amiens. Este nombre despertó en mí muchos recuerdos. Mi compañera parecía tener un conocimiento intuitivo de lo que se agitaba en mi conciencia. —¿Piensa en la guerra? Hice una seña afirmativa. —¿Tomó parte en ella, supongo? —Bastante. Fui herido una vez, y después del Somme me licenciaron por inválido. Soy ahora una especie de secretario particular de un miembro del Parlamento. —¡Toma! ¡Se necesitan sesos para esto! —No se necesitan sesos. Realmente, hay muy poco que hacer. Por lo general, con un par de horas diarias estoy listo.

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